JUAN RAMÓN JIMÉNEZ (Moguer, Huelva, 23 de diciembre de 1881 – San
Juan, Puerto Rico, 29 de mayo de 1958)
1ª ETAPA
«¿Quién anda por el camino...?»
¿Quién anda por el camino
esta noche, jardinero?
—No hay nadie por el camino…
—Será un pájaro agorero.
esta noche, jardinero?
—No hay nadie por el camino…
—Será un pájaro agorero.
Un mochuelo, una corneja,
dos ojos de campanario…
—Es el agua, que se aleja
por el camino solitario…
dos ojos de campanario…
—Es el agua, que se aleja
por el camino solitario…
—No es el agua, jardinero,
no es el agua… — Por mi suerte,
que es el agua, caballero.
—Será el agua de la muerte.
no es el agua… — Por mi suerte,
que es el agua, caballero.
—Será el agua de la muerte.
Jardinero, ¿no has oído
cómo llaman al balcón?
—Caballero, es el latido
que da vuestro corazón.
cómo llaman al balcón?
—Caballero, es el latido
que da vuestro corazón.
—¡Cuándo abrirá la mañana
sus rosadas alegrías!
¡Cuándo dirá la campana
buenos días, buenos días!
sus rosadas alegrías!
¡Cuándo dirá la campana
buenos días, buenos días!
… Es un arrastrar de yerros,
es una voz hueca, es una…
—Caballero, son los perros
que están ladrando a la luna…
es una voz hueca, es una…
—Caballero, son los perros
que están ladrando a la luna…
Tomado de «Jardines místicos », en Jardines lejanos, 1903-1904.
«¡Granados en cielo azul!»
¡Granados en
cielo azul!
¡Calle de los marineros;
qué verdes están tus árboles,
qué alegre tienes el cielo!
¡Calle de los marineros;
qué verdes están tus árboles,
qué alegre tienes el cielo!
¡Viento ilusorio de mar!
¡Calle de los marineros
—ojo gris, mechón de oro,
rostro florido y moreno!— .
¡Calle de los marineros
—ojo gris, mechón de oro,
rostro florido y moreno!— .
La mujer canta a la puerta:
«¡Vida de los marineros;
el hombre siempre en el mar,
y el corazón en el viento!».
«¡Vida de los marineros;
el hombre siempre en el mar,
y el corazón en el viento!».
—¡Virjen del Carmen, que estén
siempre en tus manos los remos;
que, bajo tus ojos, sean
dulce el mar y azul el cielo!—
siempre en tus manos los remos;
que, bajo tus ojos, sean
dulce el mar y azul el cielo!—
… Por la tarde, brilla el aire;
el ocaso está de ensueños;
es un oro de nostaljia,
de llanto y de pensamiento.
el ocaso está de ensueños;
es un oro de nostaljia,
de llanto y de pensamiento.
—¡Como si el viento trajera
el sinfín y, en su revuelto
afán, la pena mirara
y oyera a los que están lejos!
el sinfín y, en su revuelto
afán, la pena mirara
y oyera a los que están lejos!
¡Viento ilusorio de mar!
¡Calle de los marineros
—la blusa azul, y la cinta
milagrera sobre el pecho!—.
¡Calle de los marineros
—la blusa azul, y la cinta
milagrera sobre el pecho!—.
¡Granados en cielo azul!
¡Calle de los marineros!
¡El hombre siempre en el mar,
y el corazón en el viento!
¡Calle de los marineros!
¡El hombre siempre en el mar,
y el corazón en el viento!
Tomado de «El valle», en Pastorales, 1903-1905.
2ª
ETAPA
Alta noche
¡New York solitario sin un cuerpo!... Y voy despacio, Quinta Avenida
abajo, cantando alto. De vez en cuando, me paro a contemplar los enormes y
complicados cierres de los bancos, los escaparates en transformación, las
banderolas ondeantes en la noche…Y este eco que, como dentro de un aljibe
inmenso, ha venido en mi oído inconsciente, no sé desde qué calle, se acerca,
se endurece, se ancha. Son unos pasos claudicantes y arrastrados como por el
cielo, que llegan siempre y no acaban de llegar. Me paro una vez más y miro
arriba y abajo. Nada. La luna ojerosa de primavera mojada, el eco y yo.
De pronto, no sé si cerca o lejos, como aquel carabinero solitario por las playas de Castilla, aquella tarde de vendaval, un punto, un niño, un animal, un enano… ¿qué? Y avanza. ¡Ya!... Casi no pasa junto a mí. Entonces vuelvo la cara y me encuentro con la mirada suya, brillante, negra, roja y amarilla, mayor que el rostro, todo y solo él. Y un negro viejo, cojo, de paletó mustio y sombrero de copa mate, me saluda ceremonioso y sonriente, y sigue, Quinta Avenida arriba… Me recorre un breve escalofrío, y, las manos en los bolsillos, sigo, con la luna amarilla en la cara, semicantando.
El eco del negro cojo, rey de la cuidad, va dando la vuelta a la noche por el cielo, ahora hacia el poniente…
De pronto, no sé si cerca o lejos, como aquel carabinero solitario por las playas de Castilla, aquella tarde de vendaval, un punto, un niño, un animal, un enano… ¿qué? Y avanza. ¡Ya!... Casi no pasa junto a mí. Entonces vuelvo la cara y me encuentro con la mirada suya, brillante, negra, roja y amarilla, mayor que el rostro, todo y solo él. Y un negro viejo, cojo, de paletó mustio y sombrero de copa mate, me saluda ceremonioso y sonriente, y sigue, Quinta Avenida arriba… Me recorre un breve escalofrío, y, las manos en los bolsillos, sigo, con la luna amarilla en la cara, semicantando.
El eco del negro cojo, rey de la cuidad, va dando la vuelta a la noche por el cielo, ahora hacia el poniente…
Tomado de Diario de un poeta recién
casado, 1916.
3ªETAPA
Soy animal de
fondo
«En fondo
de aire» (dije) «estoy»,
(dije) «soy animal de fondo de aire» (sobre tierra),
ahora sobre mar; pasado, como el aire, por un sol
que es carbón allá arriba, mi fuera, y me ilumina
con su carbón el ámbito segundo destinado.
(dije) «soy animal de fondo de aire» (sobre tierra),
ahora sobre mar; pasado, como el aire, por un sol
que es carbón allá arriba, mi fuera, y me ilumina
con su carbón el ámbito segundo destinado.
Pero tú, dios, también estás en este fondo
y a esta luz ves, venida de otro astro;
tú estás y eres
lo grande y lo pequeño que yo soy,
en una proporción que es ésta mía,
infinita hacia un fondo
que es el pozo sagrado de mí mismo.
y a esta luz ves, venida de otro astro;
tú estás y eres
lo grande y lo pequeño que yo soy,
en una proporción que es ésta mía,
infinita hacia un fondo
que es el pozo sagrado de mí mismo.
Y en este pozo estabas antes tú
con la flor, con la golondrina, el toro
y el agua; con la aurora
en un llegar carmín de vida renovada;
con el poniente, en un huir de oro de gloria.
En este pozo diario estabas tú conmigo,
conmigo niño, joven, mayor, y yo me ahogaba
sin saberte, me ahogaba sin pensar en ti.
Este pozo que era, sólo y nada más ni menos,
que el centro de la tierra y de su vida.
con la flor, con la golondrina, el toro
y el agua; con la aurora
en un llegar carmín de vida renovada;
con el poniente, en un huir de oro de gloria.
En este pozo diario estabas tú conmigo,
conmigo niño, joven, mayor, y yo me ahogaba
sin saberte, me ahogaba sin pensar en ti.
Este pozo que era, sólo y nada más ni menos,
que el centro de la tierra y de su vida.
Y tú eras en el pozo májico el destino
de todos los destinos de la sensualidad hermosa
que sabe que el gozar en plenitud
de conciencia amadora,
es la virtud mayor que nos trasciende.
de todos los destinos de la sensualidad hermosa
que sabe que el gozar en plenitud
de conciencia amadora,
es la virtud mayor que nos trasciende.
Lo eras para hacerme pensar que tú eras tú,
para hacerme sentir que yo era tú,
para hacerme gozar que tú eras yo,
para hacerme gritar que yo era yo
en el fondo de aire en donde estoy,
donde soy animal de fondo de aire,
con alas que no vuelan en el aire,
que vuelan en la luz de la conciencia
mayor que todo el sueño
de eternidades e infinitos
que están después, sin más que ahora yo, del aire.
para hacerme sentir que yo era tú,
para hacerme gozar que tú eras yo,
para hacerme gritar que yo era yo
en el fondo de aire en donde estoy,
donde soy animal de fondo de aire,
con alas que no vuelan en el aire,
que vuelan en la luz de la conciencia
mayor que todo el sueño
de eternidades e infinitos
que están después, sin más que ahora yo, del aire.
Tomado de «Animal de fondo», en Dios deseado y deseante, 1949.
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